Lun. May 20th, 2024

El 6 de enero de 2021 en Washington, una horda trumpista armada y con una lista de gente a ajusticiar, entre ellos al vicepresidente Mike Pence, tomó el Capitolio con el propósito frustrado de llevar adelante un golpe de Estado que permitiera a Donald Trump permanecer en el poder. Esto no fue hecho por la ultra izquierda, sino por quienes se consideran representantes del poder conservador y que como dogma han repetido que Trump ganó las elecciones de 2020 contra toda evidencia. Las ganó porque él dice que las ganó y porque lo que dice él, según muchos de sus seguidores, es la voz del mismo Dios.

Ese día Estados Unidos estuvo a punto de desaparecer en su aspecto más importante, como señalaba la filósofa Ayn Rand, como concepto, como idea de una sociedad estructurada a partir de la libertad del individuo, para pasar a rendirse a la voluntad de una persona y a su programa nacionalista y teocrático, proclamándose en los hechos emperador por derecho propio. El proyecto de poner a una persona por sobre la ley y las instituciones sigue amenazando a ese gran hito histórico de la libertad, único en la historia, que es Estados Unidos. En un largo proceso histórico, fue cuando triunfaron el rule of law, el Estado de derecho, el derecho penal liberal y la separación de la Iglesia y el Estado cuando se dejó de quemar gente a la que llamaban “hereje”.

Ese día Estados Unidos estuvo a punto de desaparecer en su aspecto más importante, como señalaba la filósofa Ayn Rand, como concepto, como idea de una sociedad estructurada a partir de la libertad del individuo, para pasar a rendirse a la voluntad de una persona y a su programa nacionalista y teocrático, proclamándose en los hechos emperador por derecho propio. El proyecto de poner a una persona por sobre la ley y las instituciones sigue amenazando a ese gran hito histórico de la libertad, único en la historia, que es Estados Unidos. En un largo proceso histórico, fue cuando triunfaron el rule of law, el Estado de derecho, el derecho penal liberal y la separación de la Iglesia y el Estado cuando se dejó de quemar gente a la que llamaban “hereje”.Dicho esto, el bolsonarismo y sus fanáticos tomaron ayer las sedes del Congreso, la Casa de Gobierno y la Suprema Corte de Justicia, exigiendo un golpe de Estado militar, y destruyendo las instalaciones, pero por sobre todo intentando quebrar la democracia. Brasil tuvo su propio “January 6th”.Pues esto es la llamada “alt-right”, una derecha anti-democrática que no respeta los resultados electorales, que es nacionalista y que, curiosamente, es defendida por personas que se llenan la boca al grito de “viva la libertad”. Por supuesto, la libertad de ellos para imponer modelos de vida y renegar con el Estado de derecho (pero ojo, parece que todo vale por proponer “bajar algunos impuestos”…). A veces los grandes enemigos de la libertad aparecen disfrazados como amantes de la libertad. Esto debe ser una advertencia.Aquí encontramos otro fenómeno: en algún momento un interesante número de “libertarios” o “liberales” giraron hacia la extrema derecha, coquetearon con ella y ahora parecen abrazar una causa de identidad nacional, condenar al multiculturalismo, mostrar un amor por una “batalla cultural”, exponer una fijación con la defensa de “la familia” (una específica) o la necesidad de controlar el cuerpo, el sexo y la vida de los demás, tergiversando al liberalismo, y expulsando a todo liberal del mismo.

Por dahemont

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